martes, 13 de junio de 2017

Para saber como es la soledad...

 Ayer fui con una amiga a comer gomitas Mogul al patio de comidas del shopping de mi ciudad.
 El patio de comidas está en un segundo piso, y hay algunas mesas cuya posición te permiten mirar, a través de una especie de vidrio, hacia el primer piso, en donde está la entrada. 
 Yo trabajé algún tiempo en ese shopping, puntualmente en un parque infantil (y no tanto) de entretenimientos indoor. Cuando tenía mis veinte minutos de almuerzo o cena, en vez de quedarme a comer dentro de la claustrofóbica oficina del parque, prefería ir a sentarme a esos asientos del patio de comidas para mirar hacia abajo a través del vidrio.
 Soy una persona de divertimentos vanos. Por lo tanto, esos son mis asientos favoritos.
 Ayer fui con una muy buena amiga a comer gomitas Mogul al patio de comidas del shopping de mi ciudad. Nos sentamos en uno de esos lugares con vista de vidrio.
 Charlamos sobre nuestros dramas de niñas mimadas de veintipico, nos reímos un rato porque somos unas boludas y porque a pesar de todo, teníamos suerte de estar ahí sentadas, juntas, comiendo golosinas como si fuéramos niñas mimadas de dieci pico. Después charlamos de nuestro futuro "Pau, vayámonos a Europa, acá no se puede", me río; de pedo compré las gomitas, menos un pasaje a Europa, pero en el fondo sé que me lo dice en serio. Ella, futura agrónoma, quiere Italia (crisis) yo, Maria la del barrio, quisiera Alemania (atentados) pero sólo nos alcanza para Argentina (Hombres Gato).
 En fin, estábamos charlando, cuando mi mente dejó de soñar y centré la atención en un muchacho que se encontraba cerca de nuestra mesa, dándome la espalda, comiendo solo. Lo señalo con la cabeza y le digo a mi amiga:
-Me encanta la gente que sale sola a lugares que son para compartir.  
- Si? tenés razón, acá vienen todos de a par o grupos
- No te genera curiosidad? por qué están solos? de dónde vienen? a dónde van?
- Nah

 Y sí, a nadie le importa. Excepto a algunos de nosotros, los que pertenecemos a una especie de raza de "persona solitaria". Cuando tengo un sueldo voy sola al cine, me invito a comer, o simplemente salgo a caminar por gusto. Disfruto mucho la soledad y no la padezco, la elijo. Obviamente, o quizá, sorprendentemente para mí; tengo amigos con quien hablar y personas importantes que forman parte de mi vida; pero qué sé yo, a veces tengo ganas de tomarme un café, sentarme sola en una mesa que me guste, mirar a través de un vidrio a la gente que pasa y pensar por qué están solos.

.
.
.

Ya me puse pelotuda :)






domingo, 21 de mayo de 2017

Me re colgué

Entre la depresión que conlleva no tener laburo, más la depresión que conlleva engordar siendo mujer y ni siquiera carilinda, más la depresión que conlleva ponerme cada día más adulta... me puse a mirar Breaking Bad y me re colgué.
La imágen es: una piba ojeroza, comiendo cualquier cosa, con los ojos lo más abiertos posible, con ropa gigante y zaparrastrosa mirando Netflix. Caí en un pozo, pero por suerte ya terminé la serie, maldita serie, que me encantó. Quedé re tocada.
Me encanta catarsear por este medio, y visto el ultimo posteo que hice, andaba medio enojada se ve... pero esta vez me re colgué y ahora tengo ganas de escribir de nuevo para no volver a caer en el vicio... de Netflix.
Por otro lado, comencé una nueva etapa con el idioma que estoy estudiando y al que adoro de una manera que pocos comprenden. Además, cuando mis ojos dejaron de mirar la pantalla, me dije ¨Boluda, esto asi no va¨ Asique comenzaré a estudiar este año administración, de esta manera tendría más posibilidades de obtener un empleo donde pueda utilizar el alemán.
Asique, espero seguir escribiendo boludeces un rato mas porque me encanta cuando las leen mis amigos y me miran con cara de ´´Esta mina es re boluda´´

Vielen Dank!

Paulita.

Increíble esta serie, llegué como 4 años tarde para verla, y aunque nunca vi una serie completa en mi vida (aun estaba viendo Better Call Saul, si, todo al revés) esta serie es sublime, a mi corto entender.


sábado, 15 de abril de 2017

Veinticuatro años fingiendo que hay cosas que me importan, pero la verdad, me importan un carajo. No se enojen conmigo, porque ya noté que a ustedes tampoco les importa un carajo

viernes, 31 de marzo de 2017

Creo que no creo.

 Todos somos victimas, en algún momento, de las confusiones producidas por nuestros propios pensamientos. Es común encontrarse con algo que no entendemos completamente; a mi, por ejemplo, me pasa esto con las matemáticas, a otros con la literatura, la filosofía o las letras de Shakira.
 Cuando era chiquita, cantaba:

"Pomp on de shean JUAN PERÓN (...) AGUAAA"



 Queda en claro, además de que mi familia es peronista, que somos propensos a la confusión, más que nada durante la niñez, y que ni siquiera nos enteramos que nos estamos equivocando; yo cantaba "POMP ON DE SHEAN JUAN PERÓN" a mis anchas y con total impunidad, felíz y sin entender qué significaba.
 Un día, uno de mis dos hermanos mayores, al notar que cantaba mal una parte de "Verano del '92" de Los Piojos, me dijo "Ay, Paulita, no es 'Mazola' ni 'Va solita, querido', es 'Fasola' y 'Fasolita, querido'" Era chica, así que tampoco entendí. En la adolescencia me dí cuenta lo quen era un faso.  Finalmente ayer, leí que en el '92 hubo escasez de cannabis y los que la vendían no aparecían por ningún lado... " Fasolita, querido, a ver cuándo venís por acá!!" Es bastante obvio. 
 Crecer, creo yo, implica darse cuenta de que las cosas no son como creíamos; y aquello que creíamos en una etapa anterior se transforma en confusión y, gracias a... Dios?, en curiosidad. Estamos en una era maravillosa para los curiosos que estamos confundidos y queremos investigar, me ha dado más conocimientos la internet que Dios.
 Y, toda la boludez que escribí anteriormente era para llegar, extrañamente, a un punto a desarrollar. También cuando era chica, además de cantar mal "Pump up the jam", le hice un cuestionamiento a mi hermosa madre, que se ríe cuando recuerda cuán seria se lo dije:"Má, por qué la monja que viene a casa habla de la importancia de tener hijos, si ella no tiene ninguno, además tampoco se va a casar" Ese día crecí un poquito. Estaba confundida, curiosa, por eso cuestioné; por qué tenía que decirnos esa amable señora cómo hacer las cosas?. Después, aparecían posibles respuestas: " Claro, ella representa a Dios, Dios es bueno."
 Después me enteré que hay muchas otras religiones, después, que no me gusta la institución de la iglesia católica, después, que ninguna de las otras religiones, tampoco; después, que existía el agnosticismo, después, que es posible vivir sin que Dios exista. 
 En lo que voy de vida,  leí la biblia, escuché gente de otras religiones, leí sobre sumerios, egipcios; me informé sobre el karma, hablé con gente que cree que Dios es energía, leí " El espejismo de Dios", me contaron de Nietzche; le llevé ofrendas a la Virgen de Luján, me cagué en Dios, le pedí perdón...

 Hoy también tengo dudas y preguntas, así como me educaron desde mi infancia a creer que Dios es único y salvador, y que los católicos son lo màximo y que eso está bien; a otra nena al mismo tiempo, en la India, la educaban para creer que a los ocho años se tenía que casar con un perro para ahuyentar a los espíritus malvados, y que eso está bien.
 Y si la estamos pifiando? digo, hay señores que nos dicen, todo el tiempo, lo que tenemos que hacer, que se creen con cierto poder sagrado de decirnos qué está bien y qué mal. Católicos, judíos, islamitas, hindúes, evangelistas, mormones, budistas, hasta rastafaris... son demasiados.Guerras en nombre de algún Dios, familias peleadas porque uno de sus miembros decidió cambiar su credo, homosexuales sin poder celebrar su amor con libertad, racismo, mujeres cuyos cuerpos son sometidos a las decisiones de instituciones religiosas, hasta los políticos juran primero ante Dios y después a la Patria. Va a sonar como algo que diría Calu Rivero, pero, y donde está el amor? 
 Hoy mamá me dijo que esa monjita venía a casa porque ella, mi madre, necesitaba apoyo emocional después de quedar viuda con tres hijos de corta edad, que estaba sensible y desmoronada espiritualmente, entonces apareció ella, pero que a medida que se iba reponiendo se iba dando cuenta de "cosas". Fue a casa durante, al menos, 15 años, en los cuales mis hermanos fueron bautizados, tomaron la comunión y la confirmación. Yo soy la más chica, solo fui bautizada, según palabras de mi madre, para que yo decida "cuando crezca" si quería confirmarme, pero aún así bautizada, por cierto temor a Dios por parte de ella. Recuerdo como esta monja insistía fervientemente para que tome la comunión a los ocho años. Pero mi mamá ya no estaba quebrada espiritualmente, ya se daba cuenta de esas "cosas".
 No es fácil, como la canción de Los Piojos, donde mi sentido auditivo no lograba captar, medio por ignorancia, medio por la ingenuidad de la infancia misma (ingenuidad que también utilizan para meternos una religión) que estaba hablando del faso y no de su amigo, "Juan Pedro Mazola", pero era chiquita y tenía un hermano mayor que me lo explicó, aunque al principio me confundió porque no entendía, después lo supe con seguridad. Y, digamos, crecí.
 En este asunto estoy un poco más sola (va solita, querido!), confundida y curiosa, viviendo el hoy (sin esperar un paraíso que me salve), abandonando la ingenuidad. Espero algún día, dejar la confusión, saberlo con seguridad, poder decirlo y crecer. 

PD: No creo en Perón.



     Imagine all the people living for today.










viernes, 24 de marzo de 2017

Escritores ridículos.

 Aparte de que me encantaría ser la nueva Grace Kelly, blonda, fina, bella y exitosa; a veces siento que me encantaría tener las palabras justas en los momentos indicados.
 Aparentemente, soy la clase de persona a la cual la gente le confía sus problemas, al menos eso descubrí  durante esta semana. Tres de mis amigos me confiaron sus problemas en estos últimos 7 días, está todo bien, porque un poco de eso se trata y lo valoro mucho. El problema es cuando se secan las lágrimas, me miran a los ojos y me dicen: ¿Vos qué harías, Pau? en plan "Dame un consejo, de esos tuyos que me va a salvar la vida de esta desgracia que estoy viviendo y volveré a ver la felicidad con mis ojos brillosos de tanto llorar de alegría" Bueno, tampoco tanto, no voy a exagerar, esta vez.
 Soy un potus, no vivo lo que debería vivir, me altera no tener laburo, mi perro tiene mielopatia congénita, soy ansiosa, me preocupa subir de peso y tener el culo de Queen Latifah (no es sexy), el único pibe que me dio bola en la vida ahora cree que es el lobizón, literal; y sobre todo, soy torpe con las palabras. Entonces, ¿Cómo carajo se te ocurre pedirme un consejo a mi?
 Los quiero, y me preocupa lo que me cuentan, por lo tanto trato de dar lo mejor de mí, de verdad, me esfuerzo, pero salen cosas como "Vos dale para adelante", "Vos sabés que podés" "PENSALO BIEN". Soy malísima.
 Como dije, soy ansiosa, y diagnosticada; por eso un día, siguiendo un consejo psícológico, me puse a escribir. Empecé en un cuaderno de "Todo Moda" porque ante todo, y como ya he dicho,  quiero ser la nueva Grace Kelly del conurbano. Cuando empecé a leer lo que escribía, me encontré con una porquería; distaba mucho de algo profundo, lleno de palabras bonitas; no hablaba del amor ni de la valentía, no había drama, ni moralejas, no tenía nada más que ideas absurdas sobre gente tonta que creía en cosas vanas como extraterrestres ladrones y en un tono... ¿cuasi burlón? Bueno, mi psicóloga se habrá hecho un festín.
 No tengo más el cuadernito, sólo dos cuentos que transcribí a este blog. Lo tiré (el 24 de junio tenía que quemar algo)  me sirvió de todas maneras, el cuadernito cumplió su cometido. Pero sigo siendo ansiosa, y sigo sin tener las palabras bonitas.
 Uno escribe lo que es. Bien o mal, con faltas de ortografía o sin ellas, no importa cómo, pero ezcriviz. Uno cuenta lo que quiere, y si se ve bonito, mejor.
 Pero a veces no se ve bonito, no importa. Ojalá todos descubrieran lo bien que hace escribir un poco, hacer catarsis de cierta manera; además muchos tenemos la posibilidad de hacerlo, acá nadie pretende ser Borges ni Verne;  y si no podemos ser profundos; seamos ridículos, escribamos tonterías para nosotros mismos, incluso para reírnos de nuestras propias pavadas, en un cuadernito, en un blog;  sin palabras que intenten ser excéntricas, sin buenos consejos, sin historias de amor maravillosas, si no somos Cortázar, no lo pretendamos; pero escribamos. Es mi consejo.

Vos dale para adelante, vos sabés que podés, pensalo bien.


Paulita.


sábado, 18 de marzo de 2017

Nada Serio.

 Pablo Tristezza creía en todos.  Podríamos ponernos profundos y decir que era un pelotudo, pero Pablo era más que eso; Pablo era ingenuo, si; pero era distinto, era único.
 Disfrutaba de los amaneceres, los atardeceres y las estrellas, aunque esté nublado. Pablo le sonreía a sus compañeros de trabajo de una manera genuina, era predispuesto para realizar tareas por la cual no le pagaban e incluso hacer más de ocho horas diarias, su jefe le parecía un capo, las canciones de ABBA sonaban en su reproductor, Forest Gump era, seguramente, su película favorita. Él buscaba la verdadera belleza en las cosas, y no sé cómo, las encontraba. Pablo era único. Le gustaba escuchar Enya cuando creía que estaba depresivo; nunca estuvo verdaderamente depresivo, pero le gustaba convercerse de que sí lo estaba, sobre todo los domingos a la tarde; como a todos. Pablo, no era tan único.
 Creía en las gitanas de la plaza, de hecho estaba convencido de que a los 27 iba a encontrar el amor de su vida en los ojos negros de una morocha voluptuosa, proveniente de Gonzalez Catán, vendedora de magdalenas de esas que hay por la internet; así se lo dijo Samara, que en realidad se llamaba Marta y no era gitana. Además, ¿Existe otra manera de enamorarse que no sea por internet y de una vendedora de magdalenas? No.
 Creía en los discursos políticos, en los berrinches de los niños caprichosos, en los cumplidos de los falsos alabadores, en los piropos de las prostitutas, en el proyecto de Blair witch.
 Pablo se convencía hasta en lo más profundo de sus células de todo aquello que le decían. Él esperaba con ansias a la morocha voluptuosa; de hecho, cuando cumplió 27 años, la producción de magdalenas aumentó un 30%  en González Catán.
 Un feriado, de esos de mayo, Pablo dejó de creer. Conectó dos neuronas, miró su reflejo en la pantalla oscura de la tv y dijo: "Me cago en todo". Estaba iluminado, hubiera jurado que sus ojos pasaron de ser verdes a ser verdes claro, así de drástico, increíble; no sé qué fue lo que le hizo "click", pero de alguna manera u otra, despertó. En ese mismo instante, cuando yo lo miraba a los ojos y juntos sonreíamos, le llegó un mensaje: "Pablo Tristezza, soy Lara, la chica de los Cupcakes, te aviso que voy a pasar con tu pedido hoy a las 17:00hs,  ¿De qué parte de Rafael Castillo sos? perdí la dirección, soy de Catán, estoy cerca. Gracias, ¡Nos vemos!".
 A las 17:00hs, en punto, Lara tocó el timbre; Pablo abrió la puerta y sus ojos que eran color verdes claro, retornaron a verde, simplemente verde; era ella, Lara, la morocha voluptuosa de González Catán. Desde  esa primera vez que se vieron, Pablo  decidió comer diariamente magdalenas solamente de "El Cupcake Felíz" y  Lara, felíz como el mismísimo cupcake, era la encargada del delivery de todos los días para el señor Tristezza.  Después, pasó de ser un simple intercambio de bienes y servicios a citas románticas e intercambios de otras índoles.  Hay que aceptarlo, hubo química; el creía en la veracidad del proyecto de Blair Witch, y ella también. Era el amor de su vida, era perfecta.
 Pablo volvió a creer en todo, ¿Qué indicio más grande que el amor de su vida profetizado por Samara?
 Yo, también creía en todos; incluso fui de esas que creía en Pablo y sus historias de pitonisas, ¿quién me mandó a enamorarme de ojos verdes claros? Me cago en todo.

Vielen Dank!

Paulita.




                                   ABRA   LOS OJOS, NO SEA BOBO Y NO SEA TORPEEE....






jueves, 16 de marzo de 2017

Quisiera creer.

  Permítanme escribirlo, yo creo en los extraterrestres. Horas de videos de YouTube y de History Channel no han sido en vano.
  En San Miguel se avistan muchos, sobre todo los viernes a las 18hs y más en verano, cuando el cielo tiene algunas nubes, de esas pomposas, las de algodón; porque detrás de ellas se esconden con sus naves intergalácticas. El asunto, es que ya nadie observa el cielo de San Miguel; ni siquiera lo miran.
 No es nuestra culpa, después de todo  estamos muy ocupados, el San miguelino promedio tiene que contestar whatsapps, actualizar Facebook, mirar vidrieras con ropa importada de Flores... Son muchas cosas, no hay tiempo ni para mirar el cielo. Mirar el cielo conlleva, además, peligro; una vez, por ejemplo, me senté en la plaza, intenté observar hacia arriba y recibí la bendición oscura y líquida de una santa palomilla en el medio de mi rostro, ser San miguelino es muy riesgoso.
  Pero los extraterrestres están. Hay que ser valientes, sortear cacas de palomas, hacer oídos sordos a avionetas parlanchinas que nos recuerdan lo bueno que es el intendente, o a aquella avioneta escandalosamente silenciosa y sin luces de la noche; hay que ser valientes, y mirar, incluso, observar. Más allá de las distracciones.
 Algunos tenemos suerte, y no vivimos como grandes señores en lujosos edificios en el centro de la ciudad, con todas esas comodidades del asfalto, el comercio y las cloacas, no señor, algunos somos verdaderamente afortunados y podemos mirar al cielo tranquilamente; cuando soltamos el celular.
 Los atardeces naranjas de los veranos de mi niñez, se reavivan cada enero en mi patio,  el canto de los gorriones a la mañana, las semillas de las araucarias del vecino...no me puedo quejar de lo hermoso de aquellas inundaciones llenitas de barro, el aroma nocturno del Ceamse, todo es perfecto; pero ante todo, lo único, aquello que nos distingue del resto y ni nosotros mismos nos damos cuenta, son nuestros alienígenas.
  Hace poco tuve la suerte de caminar a las 3am por la estación de esta amada ciudad; no quiero exagerar, pero es una experiencia que pocos se animan a vivir, es un tsunami de sensasiones salvajes; seguramente se trate de la energía sobrenatural de estos seres misteriosos, maravillosos. Y son estas mismas sensaciones las que te invitan a no mirar a todo aquello que posea ojos, es el piso o el cielo. 
 Yo, esta vez, elegí mirar el piso y caminar rápido; tenía que llegar a casa lo antes posible; no me acuerdo bien por qué, pero no tenía tiempo para una abducción ni nada de eso y menos a esa hora.
 De repente, en medio de mi caminata, sonó mi celular, y para peor, varias veces, por el tipo de alarma, se trataba de un WhatsApp; una notificación de Facebook y un twitt; pero, a pesar de mi alienación comunicativa, lo ignoré; me han comentado que a estos seres los atraen las ondas electromagnéticas de los celulares,  casi tanto como a mi me atraen las milanesas.
 Caminé y miré al piso lo más que pude; pero mi cabeza, loquita, empezó a funcionar de la manera incorrecta: "Paulita, el celu, Paulita, el celu, Paulita fijate puede ser mamá, Paluchi, fíjate, mirá si el amor de tu vida te mandó una caquita sonriente, Paaauuulitaaaa aaaahhhh". Metí la mano en el bolsillo, "ya fue, es un segundo, mamá está dormida, el pibe me sigue ignorando, no va a venir ningún marcianito".
 Escuché pasos detrás mío, listo, la quedé, pensé;  permanecí estupefacta menos de un minuto, con el celular en mi mano; en esos pocos segundos logré escuchar un idioma, pero no pude distinguirlo, no era español, ciertamente; ni alemán, ni inglés, ni árabe. Cuando reaccioné, y estaba aceptando el hecho de que en cualquier momento me metían una sonda, noté que el celular ya no estaba en mi mano, y ahora sí, en un pobre español oí un cordial saludo: "Nos re vimos" y desapareció de una manera hasta cósmicamente imposible, claro, no era humano.
 Impresionante, atravesó miles de constelaciones, conoció centenares de planetas, se tomó el trabajo de aprender un cordial saludo y sólo me quita el celular de mi mano.
 Hoy carezco de un teléfono móvil, pero puedo decir que tuve un contacto del tercer tipo, y seguramente no sea la última vez. Me puse a pensar, ahora que mi mente no necesita más emoticones de berenjenas, que, quizás, lo que el señor alienígena me quiso decir en su extraña lengua, es que ellos están, pero los ignoramos; entonces, me despojó de mi distracción para que aprenda a observar.
 Ya miré el cielo, miré el piso y  ahora me observo en un espejo, y me di cuenta, porque no soy tan imbécil, de que yo también soy una alienígena para los señores de los edificios elegantes que viven en el centro, esos que manejan naves de otro planeta sobre los cráteres de San Miguel.

¡Nos re vimos!

.

Cuidado chicos, miren sin mirar...