viernes, 10 de marzo de 2017

Nene, eso no se come.

 Pensemos un minuto en las cosas que no se comen; después, pensemos que el ser humano, desde los tiempos en que las serpientes satánicas hablaban y ofrecían manzanas, es rebelde.
 El arte culinario es, más en los tiempos que corren, una de las habilidades más apreciadas. Hay comida en todos lados; de buena o mala calidad, de eso depende el dinero que tengas.
 Al menos cinco ex compañeros de mi escuela, son ahora chefs; hablan francés y a las medialunas le dicen "croissants".
 A medida que pasan los años, y no necesariamente dependiendo de tu status social, la comida empieza a tomar más el papel de arte que de comida; incluso una hamburguesa, es maquillada para salir en televisión o en una foto; este arte, claro, es mas rentable que la Gioconda.
 Pero el ser humano es rebelde; tiramos cuando tenemos que empujar; nos cagamos en los abre fácil y, en el mejor de los casos, pelamos cuchillo; no nos comemos la cáscara de las peras, esperamos el tren delante de la linea amarilla. Somos asi, adrenalina pura.
 Dicen las madres, que la adolescencia es la etapa donde nace la rebeldía y, la niñez, donde la curiosidad y el juego es la base de nuestro conocimiento del mundo. Pero yo, que soy psicóloga especializada en bellas artes egresada de la universidad de la vida y que trabajo en la cama con tu novio, creo que ya nacemos rebeldes por ser curiosos.
 En la etapa  sensomotriz de la niñez, creo, el infante se lleva todo a la boca. Pero el niño está descubriendo cómo son las cosas, está en medio de un proceso cognitivo. "Esto que carajo es? Para qué sirve? Amamdñamam"  debe pensar, mientras saborea la traba de la puerta.
 El niño no desarrolló el chip de la culpa, la ética, la moral, el concepto de belleza, Dios ni Mcdonalds; el pibe está ahi sentado, mirando el piso, comiendo un jabón en barra Plusbelle de manzana. Y viene la madre: "Nene, eso no se come!" Y el nene lo suelta, un poco porque se lo dijo la madre y otro poco porque sabe horrible. Pero no va a pasar mucho tiempo hasta que pruebe el alimento del perro o el jabon en polvo, a pesar de las advertencias.
  Después crecemos, y nos damos cuenta que hay reglas y hay cosas que se comen y cosas que no. Que hay multinacionales esforzándose por dar lo mejor de sí mismas, para ofrecer un producto comestible de calidad, estéticamente atractivo, con la menor cantidad posible de cucarachas y con un salario minimo para los empleados. La curiosidad culinaria pasa a ser la idea loca de probar una pizza italiana echa en Banfield o una Salchicha con Chucrut, que no es salchicha ni es chucrut.
  Sin embargo, hay algunos adultos que quedaron en la rebeldia culinaria de la infancia. Ayer, por ejemplo, iba caminando por el centro de San Miguel y observé cómo un señor, medio escondido por si lo viera la madre, utilizó su dedo meñique de la mano diestra para introducirlo en el canal de su oído, hizo un movimiento circular con su dedito, lo sacó, observó hacia los lados, se cagó en el canal gourmet, y se lo llevó a la boca.
 Asqueada se lo comenté a alguien cuya identidad jamás revelaré  y me dijo: "Qué asco, con lo amargo que es el sabor!" Adivinen cómo lo sabe.

Vielen Dank!

Paulita.





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